El amanecer es el momento mágico de la vida. Miras al cielo y ves salir el sol, y sientes una fuerza que hay dentro de ti.
Posiblemente pienses, claro, es que tienes la pila cargada y así se siente más fuerza. Pero hay algo más mágico, la fuerza de resiliencia que hay dentro de ti.
El amanecer nos deja mirar con los ojos al sol, y desafiar nuestros miedos.
Incluso puedes vislumbrar qué en horas, ya habrás dejado a tu mente crear sus conclusiones y serán ese sol de medio día al que no podrás mirar con los ojos.
Hoy escribo viendo salir el sol y siento esa magia que enciende mi resiliencia. Siento que tengo la capacidad de resolver o transformar muchas barreras y sortear los baches en el camino. Siento la esperanza de un nuevo día, y que no es más que la esperanza en uno mimo, en crecer, en aprender y transformar nuestra forma de asumir los avatares de la vida.
Y por el camino dejar que entre en nuestra vida personas que nos ayuden a encontrar ese poder de transformación. Crear una red, una red resiliente. Escuché este término esta semana a Rosa Molina en una charla maravillosa en internet, y hoy quiero compartirla, Redsiliencia.
Nuestra Red compuesta de familiares, amigos, compañeros, forman parte de nuestro amanecer. Esas personas que te hacen sentir que se pueden solucionar problemas, que te dan fuerza y apoyo para que consigas transformar aquello que te hace sufrir.
Seamos nosotros a su vez ese amanecer para los demás, ese apoyo para que transformen y encuentren soluciones. Sin confundir la responsabilidad de la transformación, que ha de ser por uno mismo. Pero si sabiendo que cada día que amanece somos el sol para muchas personas y formamos parte de su redsiliencia.
El camino de la vida, ser para nosotros y ser para los demás. El amanecer más mágico de la vida.
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