Cuando oyes el canto de pájaros que nunca antes habías escuchado, y piensas que son golondrinas, pero no, no lo son.

Y charlotean, y te levantan de tu sitio y las sigues hasta donde puedas escucharlas mejor, y sólo piensan que darías un mundo por entender lo que dicen.

Y así es la vida, daríamos un mundo por intentar entender lo que los otros intentan decirnos. 

Porque el arte de entender no está a nuestro alcance todo el tiempo, es una habilidad que debemos desentrañar cada minuto de nuestra vida, con la más auténtica atención. 

Y cuando alzamos el vuelo en el cielo más azul, esperamos que nos sigan y sepan donde vamos. Porque la vida es ilusión de esperanza en la que sólo el mayor esfuerzo por hacer posible un vuelo en compañía es lo más importe que tenemos. 

Planear juntos con la alas abiertas, bajando hasta los cables de baja tensión, donde poder descansar y susurrarnos que es lo sentimos.

No hay más, ni menos.

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